Una de las sorpresas de la vida diaria en el lugar de trabajo es
encontrarse muchas veces en conversaciones o alguna discusión complicada, ya
sea con un jefe, un compañero, un empleado o hasta un cliente o proveedor.
Si bien preferimos evitar esas
relaciones difíciles, así como también preferimos evitar otras incomodidades,
llegando a que estas relaciones se catalizan luego en sentimientos negativos
como la frustración, el fastidio y la rabia.
Pero ¡ojo!, ignorar esas
relaciones a menudo empeora las cosas, la discrepancia y el daño no abordados,
características clave de toda confrontación, puede drenar la energía, reducir
la productividad del equipo y arruinar las relaciones en el trabajo.
También debemos de tener en
cuenta que los malentendidos y los conflictos son parte de las relaciones
humanas. Resolver una interacción personal difícil es algo que casi siempre se
puede hacer, incluso fortalecer las relaciones en el proceso, pero tengamos en
cuenta que todos somos seres sociables, que queremos entendernos, vivir y dejar
vivir, e incluso, cuando estamos en contacto con nuestras aspiraciones más
nobles, incluso queremos ayudar a otros.
Antes de empezar a resolver
problemas, debemos tener en cuenta que hay ciertas barreras, las que nos
impiden lidiar con el conflicto, a continuación las detallaremos, como podrán
ver son “típicas” y más de uno se sentirá identificado, ya que todos, en algún
momento las pensamos. Para aquellos que ocupan posiciones de liderazgo,
tengamos en cuenta qué parte de su trabajo consiste en reconocer cuando las
necesidades de los empleados no se encuentran satisfechas, lo que puede dar
como resultado un conflicto, por lo tanto con ignorarlo solo lograremos
empeorar la situación, además si el jefe no lo hace, ¿entonces quien lo hará?.
Barreras típicas que impiden
lidiar con las relaciones difíciles: (primero detallaremos cada barrera y a
continuación de cada una un enfoque proactivo para remover cada una)
Temor al conflicto interpersonal: Reconocer que si bien el
conflicto puede ser desagradable, también es parte de la vida, enfocarse en los
resultados positivos de abordar el conflicto.
Incapacidad de reconocer que tenemos un problema con otra persona en el
trabajo: tomar nota de la calidad de las relaciones en el trabajo,
preguntarse qué relaciones parecen tensas, frustrantes o improductivas, pensar
en reconocer que estas relaciones están dañadas por interacciones difíciles.
La creencia de que una relación difícil es culpa de alguien más:
reconocer nuestro rol en la dificultad, identificarlo que puede hacer para
mejorar la situación.
La convicción de que las otras personas no cambiarán, incluso si
tratamos de mejorar la situación: recordarse a sí mismo que no está
tratando de cambiar a la otra persona, más bien, lo que deseamos es alterar la
forma en que interactúa y esto puede cambiarse modificando nuestra propia
conducta.
El deseo de aceptar el statu quo por que no está listo para manejar el
resultado de la situación: evaluar si los riesgos de la interacción difícil
valen los beneficios de mejorar la situación. Si es así, es mejor intentarlo.
La creencia de que el problema se resolverá solo, este es muy
típico, ¿no?, en este caso es preciso recordar que la mayoría de los problemas
no se resuelven solos.
En el momento de encarar el
dialogo para resolver el conflicto, es recomendable enfatizar en las
similitudes, en intereses comunes, formación, gustos, familia, etc. También es
recomendable ajustarse a los gestos, postura corporal y forma de hablar de la
otra persona. La empatía, ponerse en el lugar del otro y la conexión permiten
mayores niveles de confianza y comodidad en la relación.
Seguiremos abordando más sobre
este tema, que es muy interesando y que nos aporta a todos herramientas para
trabajar en mejorar las relaciones.
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